VIENTO DE FURIOSO EMPUJE

VIENTO DE FURIOSO EMPUJE
Alegoría de la batalla de Guadalete, julio de 711 - Autor del lienzo: J. M. Espinosa
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domingo, 31 de mayo de 2020

Descripción física de la novela

Imagen de portada de "Viento de furioso empuje". Autor: J. M. Espinosa

La novela “Viento de furioso empuje” consta de 49 capítulos y 3 anexos: Sinopsis, Relación de personajes con diálogo (donde se destacan los principales y los históricos) y, al final del texto, un Glosario de términos dificultosos.
   La edición impresa de Amazon eleva el número de páginas hasta las 563, que se leen la mar de bien gracias a que han utilizado un papel tipo offset, poco satinado para evitar reflejos, y una impresión en negro de lo más limpia. El tamaño de letra es el adecuado para no obligar la vista y posee unos márgenes suficientes para abrir el libro sin llegar a forzarlo.
   Por otra parte, la portada es simplemente hermosa, extraída de un lienzo pintado al óleo que alegoriza la batalla de Guadalete en el 711(suceso descrito ampliamente en la obra), cuyo autor es J.M. Espinosa.
   Si a todo esto le sumamos que el precio es de 16,34€ (3,55€ en la versión Kindle), y que los lectores de la primera edición la disfrutaron mucho, como acreditan sus reseñas en el blog, entonces la pregunta es obligada: ¿Te la vas a perder? 

miércoles, 27 de mayo de 2020

Ejemplares en papel impreso, no hay nada igual



No puedo estar más satisfecho, Amazon me ha enviado unos ejemplares de mi novela y tienen una calidad muy aceptable, incluyendo la letra. La novela se titula “Viento de furioso empuje”, 2ª edición, revisada en marzo de 2020. Cuesta 16,34€ y antes de una semana te la envían a casa. Gracias, amigos, y animaros si os gusta la lectura en papel.

viernes, 1 de mayo de 2020

Párrafos destacados (3)



Nuevos párrafos de la novela “Viento de furioso empuje” (Amazon), en este caso alusivos a un refugio en el desierto de Siria donde se hallan ocultos tres hombres dedicados a la revisión compulsiva de documentos: Aspiran a conocer dónde se encuentra un libro profético creado en tiempos salomónicos. Los amigos Yunán y Abdelaziz llegan a ese refugio a las pocas horas de haber sido asaltado…

Capítulo III. La gruta del desierto
Horadada por el capricho de la naturaleza durante milenios de vientos lacerantes, corrientes de agua cuyo rastro habíase borrado de cualquier recuerdo humano y tórridas temperaturas capaces de resquebrajar a fuerza de tesón el más duro basalto, la extraña gruta del desierto formaba numerosos pasadizos laberín­ticos que Yunán, tras ayudar a su amigo Abdelaziz a cubrir lo mejor posible los cuerpos de Nacor y Tobías, se dedicó a reco­rrer auxiliado de una lámpara de aceite. Repuesto en parte de la tristeza y de la enorme frustra­ción ante la muerte del anciano y de sus ayudantes, Abdelaziz quiso acompañarle en el recorrido.

Apenas pudieron contemplar paredes despejadas. Excepto un recoveco que albergaba la boca de un aljibe, así como un pequeño almacén de víveres y aceite destinado a la iluminación, más otro recinto alejado del anterior donde vieron una hendidura a modo de letrina tapada con una madera, casi todo el espa­cio disponible había sido usado para apilar documentos. Descubrieron pergami­nos a miles, trozos de vitela, tabli­llas enceradas, hojas prensadas de palmera, palimp­sestos y toda clase de material que hubiese servido para escribir, como láminas metálicas, omoplatos de camello, placas de madera, papiros…, e incluso papel.

Se distinguía un amasijo en el más perfecto desorden, revuelto sin miramiento alguno por quienes habían asaltado el lugar en busca de un texto preciso. Todo parecía haber sido revisado a conciencia y desechado por inservible. Predominaban con mucho los escritos en hebreo y en arameo judío, siríaco o persa. No faltaban docu­mentos griegos, latinos, sáns­critos, árabes, acadios, fenicios o jeroglí­fico egip­cio. Había una sala entera dedicada a la Torá y al Talmud, tanto al palestinense como al babilónico, con innume­rables rollos de Mi­dras. A la par se observaban cuantiosos volúmenes sapienciales, que incluían los libros de los Reyes, Parali­póme­nos, el Cantar de los Cantares y el libro de la Sabiduría, entre otros. Los textos se apreciaban leídos y releídos, repasados meticulosamente hasta el punto de no resultar extraño advertir abun­dantes anotaciones marginales y pliegos manchados de restos de alimen­tos.

jueves, 30 de abril de 2020

Párrafos destacados (2)


Tomados de la novela “Viento de furioso empuje”, ofrezco hoy varios párrafos que describen el ambiente en el zoco de Damasco, donde el protagonista de la obra, Yunán, debe encontrarse con un nuevo amigo, Abdelaziz, que le entregó una misteriosa moneda de oro en la antesala de la audiencia ante el califa y acerca de la cual se ofreció a aclarar su origen.


Capítulo II. Cita con Abdelaziz en el gran zoco de Damasco
Yunán alcanzó la entrada principal del zoco y se detuvo algún tiempo para advertir la presencia de Abdelaziz. Paso a paso, inclinado a no internarse demasiado en el mare mágnum de tenderetes y baratillos, ganó terreno hacia el interior del mercado. Se sentía atraído por la tracamundana de una clientela que se movía en todas las direcciones y acarreaba los objetos más insólitos. Otro tanto podría decirse del sinnúmero de vendedores ávidos de traficar con toda suerte de productos, que pregonaban a voz en grito.
            Contagiado al fin de un ambiente donde al vocerío de quienes ofrecían lo más ventajoso, a precio inigualable, se sumaba el regateo no menos estridente de quienes pretendían dejar esos mismos precios en un tercio de lo pedido, Yunán se entregó a la agitación vocinglera* del lugar y se dedicó a exa­minar las novedades del bien surtido mercado de la capital omeya. No obstante, mantuvo un ojo más allá de su entorno por si veía a Abdelaziz.
            Cuando habían transcurrido unas dos horas de su llegada al mercado y Yunán comenzaba a estar harto de saludar conocidos, que se arrima­ban a él, sobre todo, para que terciase ante su padre. Cansado en igual medida de ingerir alguna que otra escudilla de alimentos guisados Dios sabe cómo, de presenciar competiciones de alquerque, de hojear libros que invariablemente, así eran pregonados, contenían todo el saber de este mundo, de esquivar azacanes que ofrecían la más fresca de las aguas, de rechazar no sin di­ficul­tad a una patulea de vendedo­res ambu­lan­tes de toda especie, entre los que se mezclaban limos­ne­ros de oficio y alcahuetes arrimadizos...
            Y justo en el instante, ya a las afueras del zoco, en que iniciaba una sarta de repro­ches hacia sí mismo al no haber con­cre­tado más el lugar del encuentro, Abdelaziz apareció a lomos de un magnífico caba­llo que manejaba con destreza mientras tiraba de las bridas de una segunda montura, también de buena planta, que le ofreció sonriente.

miércoles, 29 de abril de 2020

Párrafos destacados (1)


Inicio hoy una nueva sección dedicada a la novela “Viento de furioso empuje”. En las siguientes entradas trataré de incluir una selección de aquellos párrafos que más me satisfacen y considero representativos del conjunto de la obra. El objetivo, debo confesarlo, es convencer al posible lector de que la novela posee la calidad suficiente para ser adquirida y, desde luego, para disfrutarse. Disfrute que me han expresado ya algunos de sus lectores, a los que agradezco mucho esas opiniones.



Capítulo I. Descripción del salón de actos del palacio califal en Damasco

Yunán acompañó al secretario y accedieron a un gran salón rectangular cuya techumbre de alfarje, con maderas labradas y entrelazadas, se encumbraba mediante columnatas de mármol serpentino. En el salón, además de un enjambre de sirvientes uniformados que se movían ofreciendo refrescos y tentempiés, varias docenas de hombres permanecían a la espera de ser recibidos por el monarca. Algunos de esos hombres ofrecían un aspecto de sumo aburrimiento, de tedio, sentados aquí y allá, conciliando algún sueño o alguna fantasía que les arrimase al poder; otros, por lo común en parejas, paseaban su impaciencia a lo largo de un itinerario zigzagueante, de pavimento algo gastado, que discurría entre fuentezuelas y pebeteros con figuras de alcanfor.

También menudeaban, acomodados al sol de las celosías, ciertos seres de apariencia tranquila y piadosa para quienes la oración, rosario en mano, suponía una forma eficaz de combatir la espera, circunstancia que a veces requería varios meses de paciencia y de rezos. Otros, en fin, daban por hecho que serían llamados ese día a presencia del califa y ensayaban frases y frases, a veces en tono audible para los más cercanos, con objeto de impresionar al monarca llegado el momen­to.

En aquella pluralidad de mortales de tan variado pelaje, malhumorados los más por el consabido plantón del soberano, se adver­tía un grupo de individuos acerca de los cuales diríase que formaban un gremio de expertos de la antesa­la. Daban la impresión —según observó Yunán—, de no resentirse de la holganza al entretener el tiempo en el ejercicio de la tertulia en torno a un corrillo, una forma como otra de solucionar los problemas del mundo. Al ver cruzar al nuevo visitante camino de la estancia contigua, varios de ese corrillo se sintieron molestos y comenzaron a desdeñar sin disimulo alguno...

martes, 28 de abril de 2020

Otras curiosidades del siglo VIII (23)


En algunos pasajes de la novela “Viento de furioso empuje” (a la venta en Amazon, ebook 3,55€), hay lances que se producen a lo largo de una ruta situada entre Medina Sidonia y Écija, localidades donde se libraron sendas batallas favorables a los musulmanes. Y amplío: no pocas de las peripecias más humorísticas de la obra transcurren de un modo itinerante, hasta el punto de que uno de los personajes más dicharacheros, Policronio, no vacila en implorar ayuda al dios de los bebedores de vino rancio mientras que, algo más tarde, un frailecillo con razonable cara de tarugo afirma en su descargo que él no aclara ciertas dudas porque practica el noble arte de “saber escuchar”.

Calzada: En su desplazamiento hacia Toledo, Tariq tuvo la opción de usar un gran tramo de la Vía Augusta (principal calzada de la época), tomándola a la altura de Lebrija (Nabrissa) e incluso antes, para luego seguir con cierta comodidad hasta Linares (Ad Aras), donde la calzada se alejaba de la ruta del musulmán y se dirigía hacia Cartagena (Carthago Nova o Karthagine Spartaria). Por razones que se desconocen, Tariq prefirió escoger calzadas secundarias que le llevaron hasta Toledo.

Condado (condado-civitate): Se trata del territorio que conocemos como provincia-condado para distinguirlo de la provincia-ducado. La división territorial visigoda fue básicamente la misma que la romana, si bien se crearon condados a partir de la autonomía progresiva de algunas ciudades y su entorno. A su vez fueron desapareciendo las demarcaciones territoriales romanas denominadas conventos jurídicos. Un ejemplo de provincia-ducado sería la Bética, que en la época de Augusto comprendía 175 ciudades y estaba dividida en cuatro conventos jurídicos con capitales en Sevilla, Écija, Córdoba y Cádiz, las cuales pasaron a ser sedes, ya en época visigoda, de sus respectivos condados, a cuyo frente se situaban un conde, un juez o un obispo, siempre dependientes del duque de la provincia, que se instaló primero en Córdoba y más tarde en Sevilla. Los condados, a su vez, estaban divididos en territorios menores llamados vicus (equivalentes a comarcas), regidos por un legado que ostentaba el título no hereditario de iudex vicarius.

Sal: En la época que nos ocupa (siglo VIII), la sal era un componente esencial en la conservación de los alimentos. Muchas de las epidemias de la Edad Media se originaron tras una escasez de sal, de ahí que en las grandes ciudades, como Damasco, existiera un mercado exclusivo para la venta de sal.

lunes, 27 de abril de 2020

Otras curiosidades del siglo VIII (22)


En la novela histórica “Viento de furioso empuje” (Amazon), como en toda obra con pretensiones de narrativa total (es el lector el que debe valorar si se ha logrado), pueden advertirse, además de no pocas acciones, aventuras y diálogos, ciertas curiosidades que han dado pie a esta serie de entradas en el blog. Eso sí, en la novela también se incluyen hechos de apariencia milagrosa y, de añadidura, unos cuantos misterios. Veamos uno de esos misterios, referido en esta ocasión a Rodrigo, rey de Hispania (España + Portugal).

Rodrigo: Según ciertas crónicas, el cadáver del rey Rodrigo nunca pudo hallarse tras la batalla contra Tariq cerca del río Guadalete, en los llanos de Sidonia, la actual Medina Sidonia. Se comenta que en la localidad de Viseu (Portugal) descubrieron una tumba con la siguiente inscripción: Aquí yace Rodrigo, rey de Hispania. Tal descubrimiento dio pie a numerosas especulaciones e incluso hubo quien aseguró que Rodrigo no murió en Guadalete y reinó durante algún tiempo en el norte de Portugal. En el supuesto de que la tumba no fuese más conmemorativa que real, lo más probable es que encerrara el cadáver del rey, herido de gravedad en la batalla. Conviene aclarar que el descubrimiento, de ser cierto, se produjo hace muchos siglos y en la actualidad no hay ni rastro de la citada tumba en la localidad de Viseu.

domingo, 26 de abril de 2020

Otras curiosidades del siglo VIII (21)


En la novela “Viento de furioso empuje” (Amazon) se destaca a un personaje histórico, del que se habla a menudo, como gran artífice de la llegada al poder del rey Rodrigo y, tras la desaparición del citado monarca, como líder de la resistencia contra los musulmanes en el levante de Hispania. Me refiero al visigodo Teodomiro, un grandísimo estratega como dejó demostrado en varias ocasiones.  

Teodomiro (en árabe Tudmir): Fue uno de los condes de la Cartaginense. Poseía numerosas tierras y villas en esa provincia y residía indistintamente en Orihuela (Aurariola) o Caravaca de La Cruz (Asso). Gozaba fama de general invicto. Se dice que en el 695 contribuyó a rechazar un desembar­co bizantino en las costas andalu­zas y que en el 709 derrotó una escuadra, igualmente bizantina, que procedía de las Islas Baleares y asolaba la región de Cartagena.

También se afirma que, al lado del rey Rodrigo, participó decisivamente en la batalla librada hacia el 710 (algún historiador la emplaza en las proximidades de Zaragoza) que en­frentó a las tropas reales con los partidarios del joven heredero Aquila, al mando de cuyas huestes figuraba el duque Requesindo. A partir del 711, Teodomiro mantuvo una lucha constante contra los invasores musulmanes. Si bien perdió una importante batalla contra Abdelaziz ben Musa en la llanura de Lorca o Sangonera la Seca, según fuentes.

Mediante el engaño de disfrazar a las mujeres con indumentaria guerrera, colocarlas en las murallas de Orihuela y aparentar un elevado número de defensores, logró arrancar un pacto al hijo de Musa (ver imagen) que le convirtió en señor indepen­diente de una amplia región del sureste de España (Cora de Tudmir). Algunos historiadores consideran a Teodomiro un personaje de primerísima fila, incluso comparable a Pelayo, si bien se reveló unos cuantos años antes.

sábado, 25 de abril de 2020

Otras curiosidades del siglo VIII (20)


En la novela histórica “Viento de furioso empuje” (Amazon), además de relatarse la confrontación bélica ocasionada por la invasión islámica de Hispania, se produce una gran controversia acerca de la posible influencia del dominio sarraceno, de ahí que haya personajes visigodos, alguno de gran entereza moral, que no duden en calificar de renovadora e incluso benefactora la llegada de los invasores, puesto que en los siglos de dominio visigodo se creó mucha opresión hacia la mayoría hispánica. Y aún fue mayor el avasallamiento hacia la abundante población judía.

Influencia: Hay quien sugiere que tal vez pudiera justificarse el pensamiento de algunos visigodos emplazándolo en su momento histórico. Durante muchos cientos de años, la civilización, la riqueza, la creatividad, el pensamiento filosófico, las grandes religiones... se dieron cita, sobre todo, en lo que hoy conocemos como Oriente Próximo o en esa Hélade a caballo entre Europa y Asia.

A diferencia de nuestros días, en los que el mundo occidental marca la pauta de la abundancia y el bienestar social, Persia, Siria, Mesopotamia, Egipto, Bizancio... fueron los referentes de prosperidad y cultura que muchos poseían; por lo que no parece extraño que una nueva civilización, la islámica, que había sido capaz de conquistar y asimilar tantos territorios de dispares razas y credos, fascinara a gentes de la alta edad media y la considerara aceptable para renovar la forma de vida de un reino tan arbitrario como el visigodo.

viernes, 24 de abril de 2020

Otras curiosidades del siglo VIII (19)


En la novela “Viento de furioso empuje” (Amazon) surgen diversos personajes históricos, unos con diálogo y otros solo citados, sobre los que hoy anoto algunos detalles no demasiado conocidos. Fueron los partidarios de lo que se conoce como la facción vitizana, es decir, esos herederos del fallecido rey Witiza que no dudaron en conspirar a todas horas, afilarse las uñas, guerrear contra Rodrigo y, en el colmo de la avidez, comprar un ejército de musulmanes capaz de desgastar al rey de Hispania, al que ellos, con un ejército reclutado al efecto en la Tarraconense y la Septimania, pretendían eliminar a toda costa.

Requesindo: A mediados del año 710, el duque Requesindo, mentor de Aquila, se enfrentó al rey Rodrigo en una importante batalla cuyo lugar se desconoce y en la que el duque perdió la vida. A partir de esa derrota, la facción vitizana juró acatamiento al rey Rodrigo, si bien en ningún momento dejó de conspirar para derrocarlo.

Fredebaldo: Se cree que el conde Fredebaldo, importante personaje de la nobleza toledana sujeto a Witiza, fue desterrado de Toledo por el rey Rodrigo. El conde, al que le siguieron al exilio buena parte de sus fieles, se puso al servicio de Aquila en la Tarraconense y luchó junto al duque Requesindo en el enfrentamiento contra el rey. Fredebaldo salió malherido de la batalla y buscó refugio cerca de Barcelona, donde falleció al poco tiempo.

Olmondo: Algunos historiadores afirman que Witiza estuvo casado dos veces. De su primer matrimonio nacieron tres hijas, de las cuales una murió muy joven. Ya de edad avanzada, Witiza se casó en segundas nupcias y nacieron sus dos hijos menores: Aquila (Akhila) y Ardabasto. Witiza también tuvo otro hijo fuera del matrimonio: Olmondo. Por tanto, Aquila era considerado por los vitizanos el primogénito legítimo a efectos sucesorios.

jueves, 23 de abril de 2020

Otras curiosidades del siglo VIII (18)


En la novela histórica “Viento de furioso empuje” (Amazon) se menciona una población de Hispania cuyos habitantes practicaban la religión judía. Terromontero de Valeria, aldea localizada en la provincia gaditana, es el escenario por donde transitan y combaten tres personajes principales de la obra y en el que se citan a un arconte y a un arquisinagogo. Veamos a qué cargos corresponden esos nombres.

Arconte (del latín. archon, -ontis, y este del griego άρχαν: especie de magistrado): En buena parte de la Hispania visigoda, el jefe de una comunidad judía recibía el título de arconte. A veces, de acuerdo con el magnate visigodo de la comarca, ese arconte ejercía las funciones de alcalde de la localidad cuando los habitantes judíos eran mayoría.

Arquisinagogo (el principal de la sinagoga): En la época que nos ocupa (siglo VIII), es el nombre por el que era conocido el jefe de una sinagoga. El cargo era rotatorio cuando no había voluntarios y se alternaban los ancianos que formaban parte del Consejo.

Hombres de armas: La Lex Visigothorum obligaba a los nobles, tanto godos como romanos, a llevar la décima parte de sus siervos a la guerra. De ahí que a las huestes musulmanas de Tariq, preparadas a conciencia durante meses, se enfrentaran unas tropas comandadas por Bencio, sobrino del rey Rodrigo, donde gran parte de sus componentes no poseía experiencia ni preparación para el combate.

Huevos estrellados al hierro: A diferencia de nuestros días, en que los huevos suelen freírse en una sartén y a veces con abundante aceite, en la época del relato se acostumbraba a “estrellar” los huevos en una pequeña plancha de hierro, con poco aceite, y dejarlos cuajar. A veces se cocinaban en el mismo plato en el que luego se servían, siempre que el utensilio fuese de hierro. En alguna lengua romance, como el catalán, aún quedan reminiscencias idiomáticas de esa época, puesto que a los huevos fritos también se les denomina: ous ferrats, de ferro, hierro.

miércoles, 22 de abril de 2020

Otras curiosidades del siglo VIII (17)


En la novela “Viento de furioso empuje” (Amazon) surge un personaje visigodo llamado Witerico, de firme carácter y gran intuición, que cuenta con un escuadrón de bucelarios cuyos componentes representan lo mejor de la milicia de su época, hasta el punto de ser calificados por la población como idóneos para el recuerdo y a los que jamás podría relacionárseles con el saqueo o la brutalidad antojadiza. Para mí, sin contar al protagonista Yunán, el toledano Witerico es el personaje más destacado de una obra que cuenta con más de treinta intervinientes principales y otros tantos secundarios.

Bucelario (del latín buccellarius, de bucella, panecillo de harina de trigo). Entre los visigodos, hombre libre que se sometía voluntariamente a la dependencia de un magnate al que prestaba servicios de armas y del que recibía una soldada y algunas tierras para cultivarlas al final de sus funciones y a modo de pensión. Dicho en un lenguaje llano, vendría a ser algo así como un militar “chusquero”. 

No tendría nada de extraño que la calificación de “chusquero” hubiese llegado hasta nuestros días para designar a ciertos soldados reenganchados en la milicia. El Bucelario o “chusquero” (siempre desprovisto de su sentido despectivo) era una especie de guerrero profesional que usaron algunos emperadores romanos y bizantinos, así como otros nobles, militares y potentados. Solían estar alojados y mantenidos en la casa del señor al que servían.

martes, 21 de abril de 2020

Otras curiosidades del siglo VIII (16)


En relación con la novela histórica “Viento de furioso empuje” (a la venta en Amazon), que transcurre a principios del siglos VIII, varios de sus personajes practican el judaísmo o una variante arcaica de esa religión. Uno de esos protagonistas es un anciano de más de cien años, poseedor de toda la sabiduría de su tiempo, contemporáneo del profeta Mahoma y habitante de Damasco, si bien los más de ellos son gente corriente que viven en un reino situado en el norte de África, cercano al Rif y radicado en un macizo montañoso. Veamos ahora un par de detalles acerca del judaísmo:

Yahvé (del hebreo יהוה «YHVH», Adonai, Señor mío): Nombre del Dios del pueblo hebreo. El nombre llegó a ser considerado demasiado sagrado como para que fuera posible expresarlo, solo a los sacerdotes les estaba permitido usarlo en el acto de bendecir al pueblo. En realidad, Jehová o Yahvé son deformaciones de Adonai. En su sentido etimológico significa: Yo soy el que soy.

Abluciones: La contaminación más grave para los sacerdotes judíos, puesto que se practicaron sacrificios durante largo tiempo, se ocasionaba al entrar en contacto con un cadáver. En tales casos, el sacerdote se purificaba con agua lustral, que se conseguía al mezclar el agua “viva” o corriente, procedente de una fuente o río, con las cenizas de una novilla roja, sin mácula, quemada con cedro, hisopo y púrpura.

lunes, 20 de abril de 2020

Otras curiosidades del siglo VIII (15)


En relación con la novela histórica “Viento de furioso empuje” (Amazon), anoto hoy una breve miscelánea de curiosidades cuya única característica común es complementar lo que se dice en la obra. Las inserciones son una especie de notas a pie de página que aluden a las galeras usadas por Tariq, el dromón bizantino, el color blanco de los omeyas y el tratamiento de sidi ofrecido a los árabes.

Galeras: Aseguran que las galeras usadas por Tariq para el cruce del estrecho le fueron cedidas por el propio Julián. Parece cierto desde el punto de vista de la lógica histórica, ya que los musulmanes carecían de embarcaciones adecuadas con las que bloquear la ciudad de Ceuta. Apenas un par de años más tarde, Musa logró aparejar una importante flota construida o reparada en las atarazanas de Cartago (Ifriqiya).

Dromón (en griego, corredor): Especie de galera bizantina que solía llevar más de cincuenta remeros en cada bancada. En alta mar usaba el velamen para desplazarse a gran velocidad y evitar el acoso de las naves musulmanas, puesto que el Mediterráneo se había convertido en un hervidero de piratas procedentes de ambas márgenes: musulmanes en el sur, bizantinos o latinos en el norte.

Blanco: Color oficial representativo de la dinastía omeya. Se dice que en la época de los omeyas, la Kaaba, santuario principal del islam, se cubría con una tela de seda de color blanco. Más tarde, al alcanzar el poder la estirpe rival abasí, cuyo color oficial era el negro, la tela de la Kaaba pasó a ser de dicho color, sin que haya cambiado desde entonces.

Sidi: Equivalente a señor. Tratamiento dado a los nobles árabes por el pueblo beréber. Con el tiempo se generalizó en el idioma árabe y se le incorporó el concepto de “hombre fuerte y valeroso”. Del vocablo Sidi deriva la palabra Cid, atribuido a Rodrigo Díaz de Vivar, El Campeador.

domingo, 19 de abril de 2020

Otras curiosidades del siglo VIII (14)


Acerca de la novela “Viento de furioso empuje” (Amazon), anoto hoy algunos datos de dos de sus personajes históricos: Tariq y Julián. El primero ha pasado a la historia como el gran conquistador de Hispania (Spanía para los árabes, antes de llamarse al-Ándalus), razón por la que su nombre es muy conocido en todo el mundo musulmán e incluso una de las principales avenidas de Damasco lleva su nombre. Del segundo, Julián, es casi una injusticia que se le relacione con la del típico personaje traidor, cuando si acaso fue un sujeto tan torpe como altivo que solo pretendía sobrevivir frente al peligro de los musulmanes y el desamparo del rey Rodrigo, que se la tenía jurada.


Origen de Tariq ben Ziyad, apodado El Persa: No existe unanimidad en el origen de Tariq. Hay quien opina que procedía de la región de Hamadán, al suroeste del actual Irán, si bien es más probable que el apodo le venga por los muchos años que permaneció en Persia luchando en pro del islam, una religión que profesaba de buena voluntad. Historiadores de renombre, como Sánchez Albornoz, entre otros, afirman que era beréber, de la tribu rifeña de Sadif.

El conde Julián de Ceuta: No hay acuerdo para considerar visigodo, bizantino o beréber a Julián, incluso algunos autores afirman que su nombre era otro o, simplemen­te, que jamás existió. El autor opina que hay indicios abundan­tes de la existencia de un personaje de origen visigodo, llámese como se llame, al frente de la ciudad de Ceuta. Incluso los propios árabes, en algún documento no demasiado alejado de la época, le denominan Al-Qutí (el godo).

sábado, 18 de abril de 2020

Otras curiosidades del siglo VIII (13)


En la novela histórica “Viento de furioso empuje” hay dos facciones claramente diferenciadas: De un lado tenemos a los visigodos, hartos de guerras civiles, conjuras y morbos de todo tipo, y del otro a los musulmanes (beréberes tibiamente conversos y sarracenos, es decir, “orientales”), cuya religión les obligaba a expandirse para establecer el islam como religión oficial, cuando lo que en realidad apetecían muchos de ellos era el poder y la riqueza que en siglos anteriores no lograron poseer sus antecesores, a pesar de haber transportado toda la seda de este mundo con destino a unas ciudades, Roma, Alejandría, Constantinopla…, donde el precio se centuplicaba. Veamos un par de curiosidades respecto a los árabes y a los pueblos más desconocidos de esta etapa histórica, los judíos africanos.

Luna: Si bien el símbolo de la Media Luna es de origen otomano y está basado en el sura 54 del Corán, donde se la relaciona con el día del juicio final (la hora se acercó, y la Luna se partió en dos) o con posibles milagros realizados por Mahoma, se sabe que desde tiempos inmemoriales los pueblos arábigo-semitas han sentido cierta atracción hacia el astro de la noche, luminaria de sus desplazamientos nocturnos por las regiones desérticas donde era obligado evitar el calor sofocante del día.

Judíos africanos: A la llegada de los musulmanes a tierras magrebíes encontraron varias tribus que practicaban algo semejante a la religión hebrea. Algunas de esas cabilas fueron identifica­das: Nefusas, ghiatas, jezawas, mediunas, feudelawas, bahlulas, etc. Durante los primeros años de la invasión islámica, los beréberes de religión hebrea fueron los que opusieron mayor resistencia, hasta el extremo de lograr una confederación de tribus que al mando de la Kahína durante un tiempo hicieron retroceder a los invasores hasta Kairuán (Túnez).

viernes, 17 de abril de 2020

Otras curiosidades del siglo VIII (12)


En la novela histórica “Viento de furioso empuje”, que transcurre a principios del siglo VIII, la ciudad de Ceuta se cita a menudo, así como a su conde, Julián, y a otros nobles visigodos que la habitaban. Ahora bien, de la Ceuta de esa época no se sabe demasiado y encima su historiografía está plagada de hechos fantasiosos. Los siguientes párrafos describen parte de una historia que considero más real.

En tiempos del emperador Justiniano I, el Grande, Bizancio ocupó Ceuta y la convirtió en presidio para expatriados políticos. Se dice que cuando cayeron los territorios que el Imperio romano de Oriente mantenía en la península Ibérica, una buena franja que comprendía todo el sureste de Hispania, con Capital en Cartagena, la población bizantina de Ceuta fue evacuada hacia la ciudad de Cesárea, llamada en la actualidad Cherchell (Argelia), ya que carecía de sentido práctico para su defensa mantener un enclave demasiado alejado de zonas afines, que además debía ser abastecido por mar desde la propia Cesárea o desde las islas Baleares, también en posesión de Bizancio.

Los visigodos, como herederos de las posesiones del Imperio de Oriente en el litoral mediterráneo ibérico, enseguida ocuparon Ceuta y la región de Tánger, creándose un ducado en esta última población, inicialmente con ánimo expansionista, que más tarde derivó en condado y que pasó a depender del duque de la Bética, rival declarado del rey Witiza y de su vasallo el conde Julián. Cuando falleció Witiza, el duque bético, Rodrigo, fue elegido sucesor por el Senado y ungido en Toledo. No se olvide que la monarquía visigoda era de carácter electiva, aunque llevase años sin elección del monarca como consecuencia del “viejo truco” de asociar al trono al heredero.

A raíz de una sucesión tan perjudicial para los herederos de Witiza, que habían reclamado la corona para el joven Aquila, duque de la Tarraconense, sin que el Senado lo aceptase como candidato al ser menor de edad, y considerando que Rodrigo dejó de abastecer por mar la ciudad de Ceuta como represalia hacia Julián, única ciudad que el conde conservaba al haber entregado el resto de su condado a los musulmanes en un pacto inevitable de capitulación, se organizó un encuentro entre el conde Julián y el emir Musa a fin de apalabrar, previo pago de su importe, un ejército beréber que ayudase a derrocar a Rodrigo.

jueves, 16 de abril de 2020

Otras curiosidades del siglo VIII (11)


En relación con la novela “Viento de furioso empuje” (a la venta en Amazon, ebook 3,55€ y tapa blanda 16,34€), anoto hoy una curiosidad de carácter etimológico referido al vocablo sarraceno:

Sarraceno (del árabe šarqiyyīn, plural de šarqī, oriental): Para algunos musulmanes la palabra “sarraceno” se considera peyorativa, aunque no tanto como la palabra “moro”, que derivaría del nombre de la provincia romana de Mauritania. A los norteafricanos probablemente no les agrada que se usen ambos términos porque con frecuencia van asociados a ideas desfavorables al mundo islámico. El autor, sin ánimo de ofender mentalidades sensibles, decide usar la voz “sarraceno” en el contexto de una época en la que dicho término se usaba estrictamente con su significado etimológico de “oriental”.

miércoles, 15 de abril de 2020

Otras curiosidades del siglo VIII (10)


En relación con la novela histórica “Viento de furioso empuje”, me gustaría destacar el panorama geoestratégico que se vivía en la época en que discurre la obra. A simple vista, pueden observarse dos poderes principales y algunos secundarios. De un lado tenemos al Imperio árabe, en expansión permanente y en cualquier dirección. Del otro cabe referirse al llamado Imperio romano de Oriente, también conocido como Bizancio, que fue retrocediendo poco a poco, no solo por las presiones árabes, en su dominio territorial de los países ribereños del mediterráneo. Abundemos un poco más en las siguientes líneas:

A principios del siglo VIII, el Imperio bizantino aún conservaba varios territorios en el sur de la península itálica, así como las islas de Sicilia, Baleares y el exarcado de Rávena. Dichos territorios se conocían como “Provincias latinas”, puesto que en ellas no predominaba el idioma griego como en la parte oriental de ese Imperio.

Como rival máximo de Bizancio en Italia, aparecía el reino de Lombardía, bien asentado en el norte de la península y con ánimo expansionista, cuyo máximo esplendor se produjo al arrebatar las islas de Córcega y Cerdeña a los bizantinos. Ahora bien, a principios de ese siglo VIII el Reino lombardo aparecía más pendiente de contener a los francos que de seguir expandiéndose hacia el sur.

Por otra parte, hubo varios intentos auspiciados desde la nobleza de la Roma papal, que cada vez aceptaba peor las ideas religiosas de Bizancio y la potestad de su emperador para refrendar o no al nuevo Papa, encaminados a recuperar territorios o, al menos, a someterlos fuertemente a su influencia religiosa.

Los árabes de Damasco, por su parte, no desconocían del todo los movimientos de la nobleza romana, de ahí que, entre otras razones, aflojaran periódicamente la tensión en las fronteras con Bizancio para que el Imperio romano de Oriente pudiese “atender” las revueltas de las Provincias latinas.

Al Imperio islámico no le convenía una Roma fuerte, en expansión e incluso independiente de Constantinopla, porque solo pretendía un desplazamiento del poder, es decir, que Bizancio retrocediese gradualmente mientras ellos avanzaban. Si el enemigo bizantino tenía dónde irse, lo más probable es que acabara marchándose. Así actuaron los musulmanes en todas sus fronteras cuando les fue posible. Y en las batallas, raramente aniquilaron a sus rivales, se limitaban a diezmarlos y a ponerlos en fuga para luego pactar con ellos la capitulación y la aprobación del islam como religión oficial.

martes, 14 de abril de 2020

Otras curiosidades del siglo VIII (9)


En relación con la novela histórica “Viento de furioso empuje” (a la venta en Amazon, tapa blanda 16,34€ y ebook 3,55€), existe un capítulo en el que los protagonistas polemizan sobre la herejía que se avecina, acerca de la cual el Papa Constantino I tuvo un anticipo esclarecedor al recalar en la isla de Rodas. La herejía consistía en eliminar toda clase de iconos e incluso prescindir de la figura del redentor en los crucifijos. Como símbolo del cristianismo solo se permitiría la cruz. Semejante iniciativa iconoclasta sería impulsada por León III, quien no tardaría en proclamarse emperador de Bizancio. Veamos algunos datos más sobre el citado emperador y sus razones para la herejía:

León III, el Isaurio: Según la historiografía consultada, nada más lejos de las intenciones del emperador León III que buscar la conciliación o sincretismo entre el cristianismo y el islamismo. De hecho, el llamado Isaurio salvó con gran vigor a Constantinopla del último gran asedio árabe y persiguió cuanto pudo a los sitiadores.

Las versiones más creíbles afirman que el emperador León III fomentó la eliminación de los iconos para reducir el poder del clero, que ejercía una enorme influencia en la población y mantenía a la Iglesia fuertemente ritualizada, casi circense, con objeto de atraer a los fieles. Además, los religiosos poseían incalculables tesoros y tierras, muchas de ellas arrendadas o improductivas, y no pagaban impuestos acordes a su inmensa riqueza, como tampoco estaban obligados al servicio de armas, ni ellos ni sus asalariados, lo que sucedía en un momento histórico en que la ausencia de cualquier grupo importante de combatientes se echaba en falta.

El clero del Imperio bizantino estaba compuesto por muchos miles de religiosos, sobre todo monjes, y numerosos sirvientes y campesinos. Se calcula que solo en la ciudad de Constantinopla, además de las abundantes iglesias, había casi un centenar de monasterios abarrotados de frailes que poseían innumerables iconos y supuestas reliquias que Elena, madre de Constantino I, puso de moda coleccionar. Por otra parte, unos tres años antes de que León III decretase la eliminación de los iconos, el Califa había dispuesto lo mismo en todas las iglesias del Imperio islámico, por lo que uno de los argumentos contra la orden del emperador fue tacharle de hereje musulmán.