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miércoles, 11 de enero de 2012

Entrevistas (y II)


¿Qué documentos o libros (árabes, cristianos, judíos, antiguos en general) te han sido de mayor ayuda para reconstruir la época?

La idea original se gestó al repasar la "Primera Crónica General de España", de Alfonso X el Sabio, especialmente el volumen cuyo título es "Estoria de los godos", que me sugirió la misión fundamental del personaje principal, necesaria en toda novela que se precie y a partir de la cual desarrollé la trama. Más tarde, Sánchez-Albornoz ("La España musulmana" y "España, un enigma histórico"), Anwar G. Chejne ("Historia de España musulmana"), Lévi Provençal ("España musulmana"), Menéndez Pidal ("España visigoda") o D. y J. Sourdel ("La civilización clásica del islam"), son algunos de los autores y obras que en su momento me sirvieron para las primeras anotaciones. La Biblia y el Corán también me han ayudado mucho, así como otras docenas de libros consultados que serían prolijos de referir. La labor de documentación me ha llevado casi una década, eso sí, a ratos muertos.

Y relacionado con la anterior: dejando claro que es una novela histórica y que no pregunto por la trama sino por la ambientación, ¿qué porcentaje crees que tiene de realidad histórica? ¿Temes que se te hayan colado muchos anacronismos o ha pesado más en ti la libertad de novelar que la vigilancia del realismo?

Creo que en la obra se diferencia con claridad, o al menos lo he pretendido, el contexto histórico de la licencia literaria. No sería capaz de ofrecer un porcentaje de realidad histórica, ya que se trata de una etapa en la que es frecuente que no se pongan de acuerdo ni los propios historiadores. Por ejemplo, a Julián, señor de Ceuta, hay quien le hace beréber, godo o bizantino y le da otro nombre: Ulbán Ulián, etc. (Ceuta fue una ciudad-presidio del Imperio romano de Oriente). Yo me he decantado por considerarle godo puesto que las primeras crónicas árabes, referenciadas en la historiografía contemporánea que he consultado, le denominan Al-Qutí, lo que simplemente significa "el godo".  

En cuanto a los anacronismos, es posible que haya más de uno, aunque lo ignoro. Cuanto más en el caso de una novela que incluye varios milagros, claro que juego con la ventaja de que en el mundo de los milagros todo es posible. Ahora bien, aseguraría que una leve dosis de metedura de pata es casi inevitable por mucho que uno pretenda lo contrario. Sin ir más lejos, en uno de los primeros borradores describí a varios personajes dándose un festín de alubias, pero descubrí a tiempo que esa planta procede de América. No fue el caso del gran novelista Ken Follett, que en su obra "Los pilares de la tierra", que transcurre en el siglo XII, narra una escena en la que a una pareja que se casa le arrojan puñados de granos de maíz a la salida de la iglesia. Sí, tal cual: maíz, otra planta que llegó a Europa cuatro siglos más tarde.

Me sorprende que no hayas recurrido al aparato de notas al calce presente en muchas novelas históricas para explicar mejor el significado de ciertos términos, o el contexto de tal o cual tecnicismo, etc.

Lo hice. El primer borrador contaba con más de 200 notas a pie de página, hasta que alguien en quien tengo mucha confianza me argumentó que molestaba bastante la lectura. Luego, uno de los primeros lectores del borrador, al preguntarle qué opinaba de las notas, me contestó: "no he leído ninguna". Aquello fue decisivo, la información que me parecía esencial la incorporé a los diálogos de los personajes y el resto lo eliminé. En la obra impresa solamente han quedado 4 notas de más de 200. Eso sí, algunas de ellas las he suprimido mientras lloraba, por lo mucho que me costó documentarme. Del mismo modo que he llegado a eliminar más de trescientas páginas de un texto que no era malo del todo, creo. Y a pesar de todo el editor me pidió que incluyera un glosario de términos de origen árabe (curiosamente alubia es uno de ellos) y otras palabras en desuso o arcaicas. Ese glosario figura al final de la obra.  

¿Alguna manía confesable a la hora de escribir?

Comencé escribiendo la novela con unos cuantos folios en blanco (como se sabe, todo un suplicio llenarlos) y un par de bolígrafos de punta gruesa, ahora lo hago en un ordenador cuya pantalla mide más de tres palmos de ancho. A los bolígrafos se les secó la tinta hace mucho tiempo, aun cuando conservo a mano dos o tres botes llenos. Y los folios (hoy Din A-4) cada vez están más amarillentos. No importa, es un material de atrezzo imprescindible, como esos libros que ya casi no consulto gracias a Internet, pero que necesito en mi entorno para crear el ambiente adecuado. Una manía como otra, ¿no?  

2 comentarios:

  1. Interesante entrevista que aporta puntos de vista desconocidos del autor hasta ahora y datos interesantísimos sobre la obra.

    Aparte de dar una lección de historia, de ofrecernos unos personajes sumergidos en una aventura trepidante y de hacer una muestra de poderío en narrativa descriptiva, me gustaría lanzar algunas preguntas a D. Pedro Espinosa G., si se me permite, claro.

    Ahí van:

    ¿Pretende el autor lanzar algún mensaje aparte de intentar distraer al lector con una buena novela histórica de aventuras? ¿En caso de afirmativo, ¿puede decirnos cual?

    ¿Cuanto tiempo cree que sería necesario invertir para escribir la segunda parte si es que tiene intención de hacerla?

    Paralelamente al estilo literario que utiliza, ¿podría escribir y /o tiene intención de relatar otro tipo de narrativa no vinculada a la historia?
    Es decir, ¿hablamos del clásico autor relacionado con novela histórica o tiene por contra otros recursos en mente?

    Aprovecho la ocasión para felicitarle por la novela y de enviarle un saludo cordial.
    Gracias.

    Jordi

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  2. Gracias, Jordi. Tan pronto pueda te contestaré en un artículo aparte.

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