"Viento de furioso empuje" se presentó en El Corte Inglés de Barcelona

martes, 10 de abril de 2012

La gruta del desierto


La gruta de la imagen, donde se hallaron parte de los denominados manuscritos del Mar Muerto, se sitúa en Qumrán, un paraje no demasiado alejado del desierto sirio donde los protagonistas de "Viento de furioso empuje" localizaron miles y miles de libros.


Los párrafos que siguen pertenecen al capítulo III: La gruta del desierto  

 Apenas pudieron contemplar paredes despejadas. Excepto un recoveco que albergaba la boca de un aljibe, así como un pequeño almacén de víveres y aceite destinado a la iluminación, más otro recinto alejado del anterior donde vieron una hendidura a modo de letrina tapada con una madera, casi todo el espa­cio disponible había sido usado para apilar documentos. Descubrieron pergami­nos, trozos de vitela, tabli­llas enceradas, hojas prensadas de palmera, palimp­sestos y toda clase de material que hubiese servi­do pa­ra escribir, como láminas metálicas, omoplatos de camello, papi­ros…, e incluso papel chino.
   Se distinguía un amasijo en el más perfecto desorden, revuelto sin miramiento alguno por quienes habían asaltado el lugar en busca de un texto preciso. Todo parecía haber sido revisado a conciencia y desechado por inservible. Predominaban con mucho los escritos en hebreo y en arameo judío, siríaco o persa. No faltaban docu­mentos griegos, latinos, sáns­critos, árabes, acadios, fenicios o jeroglí­fico egip­cio. Había una sala entera dedicada a la Torá y al Talmud, tanto al palestinense como al babilónico, con innume­rables rollos de Midras. A la par se observaban cuantiosos volúmenes sapienciales, que incluían los libros de los Reyes, Parali­póme­nos, el Cantar de los Cantares y el libro de la Sabiduría, entre otros. Los textos se apreciaban leídos y releídos, repasados meticulosamente, hasta el punto de no resultar extraño advertir abun­dantes anotaciones marginales y pliegos manchados de restos de alimen­tos.

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