"Viento de furioso empuje" se presentó en El Corte Inglés de Barcelona

miércoles, 9 de mayo de 2012

Os aguardaba desde hace años


La imagen representa a un anciano de figura patriarcal, en este caso San Pablo, de Rembrandt

Párrafos extraídos del capítulo V de "Viento de furioso empuje"

Al fin se escucharon los goznes de una puerta entreabriéndose, seguidos de pisadas que recorrían la entreplanta. Dos hombres corpulentos, armados de grandes sables, aparecieron en la balaustrada. Precedían a escasa distancia a un anciano que desde la tribuna se dirigió a los dos amigos:
   -Soy Josué bar Rifat. Bienvenidos a mi casa, os aguardaba desde hace años.
   Bar Rifat, cuyo aspecto de mirada distancia­da y abundante barba blanca recor­daba la imagen de un patriarca, comenzó a descender con lenti­tud la escalera para acercarse a los visitantes, que no dudaron en ponerse en pie de inmediato y mostrarse impresionados por el aire de sencillez y nobleza del anciano, así como por las palabras que acababa de pronunciar.
   -¿Cómo es posible que nos aguardes desde hace años, noble anciano? —Preguntó Abdelaziz, conturbado ante el enigmático comentario.
   -Me han dicho que uno de vosotros es Abdelaziz, ¿eres el hijo del emir Musa?
   -¡Dios santo!, me sorprende que relaciones un nombre tan corriente como el mío con el de mi padre, que hace varios años que falta de estas tierras.
   -No debes sorprenderte, mi buen Abdelaziz, sé de ti y de tus inquietudes. ¿Quieres presentarme a tu compañero?
   -Se llama Yunán, es hijo del visir Sufián.
   -Seguidme —el anciano despidió a sus guardianes mediante un gesto, éstos se retiraron unos pasos y se situaron junto a la entrada principal.
   Los visitantes escoltaron a bar Rifat hacia una puerta situada en el hueco de la escalera. El acceso les condujo a otra estan­cia de menor tamaño en la que había un gran baúl arrimado a una de las paredes y varios almohadones en torno a una mesa baja, cercanos a la pared opuesta.
   -Acomodaros, hablaremos —invitó el anciano.
   -Todavía estoy extrañado de tus afirmaciones —dijo Abdelaziz—. ¿Puedo preguntarte, noble anciano, de qué me conoces?
   -Te conozco por la misma razón que os aguardaba desde hace años… —Alegó bar Rifat, que interrumpió su frase al abrirse la puerta y entrar una bella joven con el rostro descubierto.

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