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viernes, 6 de diciembre de 2013

Rasgos de los califas y emires árabes

Cabello dorado, piel blanca, ojos azules: características de algunas esclavas-niñas llegadas a las grandes mansiones árabes de Damasco, La Meca, Medina y otras muchas ciudades musulmanas.
Durante la febril expansión islámica producida entre los siglos VII y VIII de nuestra era, procedentes de las regiones más dispares del Imperio árabe fueron llegando numerosas esclavas, escogidas esencialmente por su belleza, que se instalaron en las mansiones nobles. El nuevo y adinerado señor musulmán fue proclive a la adquisición de ciertas niñas o jovencitas que podía encontrar en determinados mercados de esclavas, de acceso muy restringido, donde se garantizaba la virginidad del "producto".




Algunas de esas cautivas, sobre todo las de etnia eslava, fueron muy valoradas por el exotismo de su piel blanca y sus ojos azulados. Muchas procedían de la parcela transcaucásica conquistada por los omeyas, conocida hoy como Daguestán (Federación Rusa), y fueron destinadas invariablemente a los gineceos de los grandes mansiones árabes.

Las esclavas-niñas eran educadas durante varios años con la intención de agradar al amo. No pocas de esas esclavas se convirtieron con el tiempo en odaliscas, alcanzaron la condición de favoritas e incluso la de esposas legítimas, dando a los emires o califas más de un sucesor, lo que no es de extrañar si se advierte que en el mundo del islam, incluso hoy en día, es el rey o príncipe el que elige de entre sus numerosos hijos y hermanos a quien debe sucederle. Tal situación se da incluso en países árabes que no son monarquías, como por ejemplo Siria.

En pocas palabras: Las circunstancias descritas motivaron que multitud de hijos viniesen al mundo con los rasgos característicos de esa mezcolanza de razas que se produjo en los harenes. De ahí que la historiografía nos cuente con algún detalle que entre las clases nobles y adineradas del islam fue corriente que algunos de sus componentes poseyeran el pelo rubio o rojizo y los ojos azules, como fue el caso de Abd al-Rahmán I y otros emires de al-Andalus.

2 comentarios:

  1. A veces me preguntaba si las sutiles diferencias étnicas entre plebe y nobleza en el islam eran alucinaciones mías. Gracias por aclarármelo!

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    1. Muchas gracias a ti por el comentario. Un saludo cordial.

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