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miércoles, 27 de noviembre de 2013

Tesoros y mosaicos

Imagen actual de la entrada sur a la gran mezquita omeya de Damasco, donde aún es posible observar el impresionante mosaico policromado y sendos edículos destinados a albergar el tesoro provincial o determinadas reliquias.
Tal y como se describe en el relato,  el protagonista de la novela pudo observar en construcción la gran mezquita de Damasco, donde se advertía ya un pequeño templete o edículo destinado a albergar el tesoro provincial. A la par, los personajes de ese pasaje de la obra comentan la aparición de nuevos mosaicos, como igualmente el lector podrá ver en las imágenes siguientes:



Tesoro: El tesoro depositado en los edículos de algunas mezquitas, como así sucedió en el que podemos ver en la imagen, correspondía al tesoro provincial de Siria, que como es lógico había que distinguirlo del tesoro público o central, denominado de la Umma, y del tesoro privado del Califa.


Ampliación de la imagen del mosaico de la puerta sur, conservado casi en su estado original desde que se creó a principios del siglo VIII y a iniciativa del califa omeya al-Walid.
Mosaicos: Todavía se conservan algunos fragmentos de mosaicos, como el llamado Barada, denominado así por situarse orientado hacia el río del mismo nombre. Representaban ciudades y palacios ilusorios ubicados en paisajes con abundancia de ríos y campos cubiertos de flores. Fueron elaborados con gran maestría artesanal y tolerancia hacia la tradición bizantina, origen de muchos de los artesanos que intervinieron en su elaboración. En la entrada principal de la gran mezquita omeya de Damasco aún puede observarse un gran mosaico policromado compuesto mediante la técnica de la foceifiza, es decir, hecho con trozos de vidrio dorados y coloreados.


Mosaico barada

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