"Viento de furioso empuje" se presentó en El Corte Inglés de Barcelona

viernes, 6 de julio de 2012

Abdelaziz con sus hijos


Imagen moderna de un padre árabe con dos de sus hijos. La escena recuerda el reencuentro de Abdelaziz, uno de los protagonistas de la obra, con sus propios hijos, a los que no había podido ver desde hacía meses. Las edades de los tres personajes que aparecen en la escena son muy semejantes a las de los personajes de ficción. 


Los párrafos siguientes pertenecen al capítulo VIII de "Viento de furioso empuje"

   Sin separarse de Moisés, que aún permanecía asido con una mano a su ropaje, ben Musa se inclinó, abrió los brazos a los mellizos para acogerles y éstos se reunieron con el padre, quedando los cuatro fundidos en un abrazo entrañable.

   Yunán contemplaba la escena y se le partía el corazón. En apariencia, Abdelaziz idolatraba a sus hijos y aún quería a la madre, o al menos la respetaba con gran afecto. Ahora comprendía sus palabras cuando le habló de las contrariedades de ser el hijo de un personaje notable. En la situación de su amigo, el hecho de que su padre fuese el emir Musa suponía por fuerza algo más que contrariedad: amargura. Yunán concluyó con varias frases que venían rondando su mente desde hacía tiempo: 

   “¡Ah, la religión, cómo arrincona a veces el amor hacia nuestros semejantes y lo convierte en rechazo fanatizado! Seguro que el abrazo entre Abdelaziz y sus hijos es más agradable a los ojos de Dios que la mayor de las mezquitas abarrotada de musulmanes que rezan sin cesar. Cada día me siento menos inclinado a creer en el Dios que han concebido los hombres. Las religiones, aun cuando te acerquen al Altísimo, con frecuencia te alejan de los seres humanos. No confío nada en que el islam se mantenga liberador y no se fanatice hasta convertirse en una creencia opresiva. ¡Dios mío, perdona cuanto de blasfemia pueda haber en mis pensamientos!, comprenderás que es nuevo para mí observar cómo el amor de una familia queda truncado a causa de la distinta fe que profesan sus miembros...”.

   Las introversiones de Yunán, mediante las que a menudo sopesaba la intolerancia creciente del islam y un aumento conexo de agresividad en sus representantes, quedaron interrumpidas por el gesto de su amigo, que le animaba a unirse.

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