"Viento de furioso empuje" se presentó en El Corte Inglés de Barcelona

viernes, 8 de junio de 2012

La posada de la Cuba


La imagen se corresponde a una antigua posada (restaurada) en la ciudad de Tiro

El diálogo pertenece al capítulo VII de "Viento de furioso empuje"
   
   Bajaron hacia el comedor y al llegar a la primera planta observaron que el posadero Ulpiano, mientras asía una bolsa de monedas, no cesaba de reverenciar a un individuo de aspecto distinguido.
   -Sí, mi señor Yahya, ahora mismo te prepararán cuanto has ordenado. ¡Puedes dar por hecho que el cabrito estará a tu gusto! —Exclamó el posadero, sopesando la bolsa a su espalda.
   Al contemplar una escena tan servil, Yunán comprendió que Ulpiano acababa de cobrar la deuda con los ciudadanos de ninguna parte y que las llagas anímicas del posadero habían cicatrizado de golpe mediante la dosis justa de bálsamo de plata.
   Yunán trató de fijarse en el rostro de Yahya, aunque apenas llegó a distinguirle. El otro personaje, supuestamente Alí, le llamaba desde el fondo de la estancia y Yahya se adentró.
   Ulpiano, al ver aparecer hablando entre sí a cuatro de sus huéspedes principales, efectuó una última reverencia a Yahya, en este caso a la espalda de Yahya, y se volvió hacia el grupo. Pero antes —observó Yunán—, no fuese que se confundiera con usura el pago a sus bienhechoras obras, introdujo la bolsa entre sus costillas y su camisa. Después se apretó dos ojetes el cinturón y empujó el tesoro hacia atrás para evitar que acabase indefenso en el suelo. Y cómo sería el impulso que Ulpiano le dio a la bolsa, que al punto se advirtió la presencia de un posadero cheposo de lucro y repleto de desconfianza.
   -Nobles señores —comenzó obsequioso—, noto que habéis congeniado vuestra vecindad de habitación y ello me mueve a pensar que acaso queráis compartir la cena. Al respecto, puedo ofreceros un surtido de las más deliciosas carnes y los pescados más frescos, ya que esta costa nuestra es pródiga en especies sabrosísimas...
   -Amigo Ulpiano —interrumpió Abdelaziz, ejerciendo decididamente el mando en la cuestión alimenticia—, sabes por otras veces lo que debes servirme y en qué cuantía, que mis hábitos son casi inmutables e ineludibles; cuanto más esta noche, que compartiré la cena con unos amigos de quienes espero su mejor charla.
   -Yo prefiero algo ligero que... —intentó decir Yunán.
   -A Yunán le preparas otro tanto de lo mismo que me sirvas a mí —se inmiscuyó el bonachón—, y lo que él no saboree pasará como guarnición a mi plato. En cuanto a nuestros acompañantes, quedan invitados a ese vino albillo que atesoras en tu casa, no en balde llamada “Posada de la Cuba”, así como a una ración de pescado asado, viudo de salsas, que les haga creer que no han cenado y que, junto al vino, primero les incite a pensar bien, luego a departir mejor y a la postre les avive el sueño de los soñadores.

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